Septiembre:”Nos conocemos …mejor” ·        “El peso de la nada”
·        “Los dos lobos”
·         http://www.urbanext.uiuc.edu/conflict_sp/
  http://www.wapoa.net/Cuentosinfantiles.htm

Octubre:¿No hay bastante?

·         “Cuento de las pelusas calientes” ; La jirafa Bernarda // Poesías: Cuatro comidas y Buen provecho /Canción:Hpo glotón        http://www.arquitecturasemueve.es/documentos/contes/descarga/c-pelusas.pdf            http://www.cuentosparaconversar.net/edex_cast.htm   Cuentos recomendados de esta pág:·        “De todo un poco” ·         “los automóviles engordan”

·        “Una dicha diaria”     

·        “Abre los brazos”

Noviembre: ¡Cuánto te quiero!

·        “Los tres filtros”  ·        “La flor más bonita”  ·        “Un detective en mi calle”                                ·        “Correr y contar”
·         “Una familia corriente”                                        
·         “La crítica”

DICIEMBRE:CONSTITUCIÓN Y NAVIDAD

TÍTULO:        Cacería de mentiras
VALOR:         Completar la información que omiten los mensajes publicitarios no sólo es divertido. También es necesario para descubrir las verdades que esconden.
 
CONTROL:
Entra música de Yolanda
YOLANDA:
                        Hace unos días papá, mamá, Javier y yo fuimos a un taller que organizó la escuela para padres del colegio.
TALLERISTA:
(SONIDO DE MICRÓFONO ESPACIO CERRADO) Bueno…formemos grupos de cinco personas. Entre todos vamos a responder la siguiente pregunta: ¿han sido víctimas de las mentiras que dicen algunos anuncios publicitarios? Por ejemplo, el detergente que dice quitar todo tipo de manchas o el pintalabios que prometía no correrse y que nos hizo quedar mal.
CONTROL:
Bullicio de gente hablando en el auditorio…
MAMÁ:
                        Recuerdas cariño cuando me compré la crema esa para reducir mis michelines que anunciaba la tele?
PAPÁ:
                        ¿Cómo lo voy a olvidar? Costó un ojo de la cara y para qué?  Para que además,  te salieran manchas…
YOLANDA:
                        ¿Mami, de verdad que te salieron manchas?
MAMÁ:
                         Pues sí, pero tu papá no puede decir nada. Hasta hace poco él creía todo lo que decían los anuncios para la calvicie…
PAPÁ:
                        Pero ya no..  Eso era antes…
YOLANDA:
                        (RIÉNDOSE) Definitivamente uno a veces es muy bobo…
JAVIER:
                        Parece que el único que no se deja engañar soy yo.
PAPÁ:
                        ¿Tú? Uhmmm
JAVIER:
                        ¿Qué,  que pasó?
PAPÁ:
                        ¿Quién estuvo a punto de volvernos locos  porque quería comprar esas deportivas que anunciaban en la televisión?
MAMÁ:
                        Si ni siquiera te las quitabas para dormir
JAVIER:
                        No… acabo de recordarlo perfectamente
CONTROL:
Cortina musical de transición
TALLERISTA:
 Ojalá esta actividad la sigan haciendo en sus casas… además de divertida es necesaria.  Hay anuncios que afirman por ejemplo que fumar es agradable…
YOLANDA:
                        Te imaginas un beso con sabor a cenicero…
  CONTROL:
Golpe musical
TALLERISTA:
 Otros anuncios muestran a las personas consumiendo bebidas alcohólicas y conduciendo un coche o practicando algún deporte..
JAVIER:
                        ¿Os imagináis a un borracho tratando de encestar?
PAPÁ:
                        Peor conduciendo…
 CONTROL:
Entra música de Yolanda
YOLANDA:
Nos divertimos mucho esa noche… escuchamos todo tipo de anuncios. Es muy fácil que las mentiras parezcan verdades y que las verdades nos parezcan mentiras. Afortunadamente, ahora podemos comprender mejor los anuncios publicitarios.
Cuento de Navidad   Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica y le dijo a la dueña de la casa:
   - Te traigo una buena noticia: esta noche el Señor Jesús vendrá a visitar tu casa.
   La señora quedó entusiasmada: Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro. Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús. Encargó pollos, conservas y vino importados.
   De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido, con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.
   - Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme?
   Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.
   - ¿Pero esta es hora de molestar? Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa. Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.
   Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.
   - Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina.
   ¿Por casualidad no tendría usted una caja de herramientas que me pueda prestar?
 La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal y los platos de porcelana, se irritó mucho:
   - ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico? ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?
   Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.
 La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar, puso champán en el refrigerador, escogió de la bodega los mejores vinos, preparó unos cócteles.
   Mientras tanto alguien afuera batió las palmas. Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta. Pero no era Jesús.
   Era un niño harapiento de la calle.
 - Señora, déme un plato de comida.
   - ¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado? Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.
   Al final, la cena estaba ya lista. Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita.
   Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía. Cansados de esperar empezaron a tomar los cócteles, que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos y el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.
   A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró, con gran espanto frente a un ángel.
   - ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero, aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?
   - No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo el ángel.
   Jesús estuvo aquí tres veces, en la persona de la mujer embarazada, en la persona del camionero y en el niño hambriento.
 Pero usted no fue capaz de reconocerlo y de acogerlo.

 

       La niña de los fósforos
Por Hans Christian AndersenLa niña de los fósforos
Por Hans Christian Andersen

¡Qué frío tan atroz! Caía la nieve, y la noche se venía encima. Era el día de Nochebuena. En medio del frío y de la oscuridad, una pobre niña pasó por la calle con la cabeza y los pies desnuditos.Tenía, en verdad, zapatos cuando salió de su casa; pero no le habían servido mucho tiempo. Eran unas zapatillas enormes que su madre ya había usado: tan grandes, que la niña las perdió al apresurarse a atravesar la calle para que no la pisasen los carruajes que iban en direcciones opuestas.La niña caminaba, pues, con los piececitos desnudos, que estaban rojos y azules del frío; llevaba en el delantal, que era muy viejo, algunas docenas de cajas de fósforos y tenía en la mano una de ellas como muestra. Era muy mal día: ningún comprador se había presentado, y, por consiguiente, la niña no había ganado ni un céntimo. Tenía mucha hambre, mucho frío y muy mísero aspecto. ¡Pobre niña! Los copos de nieve se posaban en sus largos cabellos rubios, que le caían en preciosos bucles sobre el cuello; pero no pensaba en sus cabellos. Veía bullir las luces a través de las ventanas; el olor de los asados se percibía por todas partes. Era el día de Nochebuena, y en esta festividad pensaba la infeliz niña.

Se sentó en una plazoleta, y se acurrucó en un rincón entre dos casas. El frío se apoderaba de ella y entumecía sus miembros; pero no se atrevía a presentarse en su casa; volvía con todos los fósforos y sin una sola moneda. Su madrastra la maltrataría, y, además, en su casa hacía también mucho frío. Vivían bajo el tejado y el viento soplaba allí con furia, aunque las mayores aberturas habían sido tapadas con paja y trapos viejos. Sus manecitas estaban casi yertas de frío. ¡Ah! ¡Cuánto placer le causaría calentarse con una cerillita! ¡Si se atreviera a sacar una sola de la caja, a frotarla en la pared y a calentarse los dedos! Sacó una. ¡Rich! ¡Cómo alumbraba y cómo ardía! Despedía una llama clara y caliente como la de una velita cuando la rodeó con su mano. ¡Qué luz tan hermosa! Creía la niña que estaba sentada en una gran chimenea de hierro, adornada con bolas y cubierta con una capa de latón reluciente. ¡Ardía el fuego allí de un modo tan hermoso! ¡Calentaba tan bien!

Pero todo acaba en el mundo. La niña extendió sus piececillos para calentarlos también; más la llama se apagó: ya no le quedaba a la niña en la mano más que un pedacito de cerilla. Frotó otra, que ardió y brilló como la primera; y allí donde la luz cayó sobre la pared, se hizo tan transparente como una gasa. La niña creyó ver una habitación en que la mesa estaba cubierta por un blanco mantel resplandeciente con finas porcelanas, y sobre el cual un pavo asado y relleno de trufas exhalaba un perfume delicioso. ¡Oh sorpresa! ¡Oh felicidad! De pronto tuvo la ilusión de que el ave saltaba de su plato sobre el pavimento con el tenedor y el cuchillo clavados en la pechuga, y rodaba hasta llegar a sus piececitos. Pero la segunda cerilla se apagó, y no vio ante sí más que la pared impenetrable y fría.

Encendió un nuevo fósforo. Creyó entonces verse sentada cerca de un magnífico nacimiento: era más rico y mayor que todos los que había visto en aquellos días en el escaparate de los más ricos comercios. Mil luces ardían en los arbolillos; los pastores y zagalas parecían moverse y sonreír a la niña. Esta, embelesada, levantó entonces las dos manos, y el fósforo se apagó. Todas las luces del nacimiento se elevaron, y comprendió entonces que no eran más que estrellas. Una de ellas pasó trazando una línea de fuego en el cielo.

-Esto quiere decir que alguien ha muerto- pensó la niña; porque su abuelita, que era la única que había sido buena para ella, pero que ya no existía, le había dicho muchas veces: “Cuando cae una estrella, es que un alma sube hasta el trono de Dios”.

Todavía frotó la niña otro fósforo en la pared, y creyó ver una gran luz, en medio de la cual estaba su abuela en pie y con un aspecto sublime y radiante.

-¡Abuelita!- gritó la niña-. ¡Llévame contigo! ¡Cuando se apague el fósforo, sé muy bien que ya no te veré más! ¡Desaparecerás como la chimenea de hierro, como el ave asada y como el hermoso nacimiento!

Después se atrevió a frotar el resto de la caja, porque quería conservar la ilusión de que veía a su abuelita, y los fósforos esparcieron una claridad vivísima. Nunca la abuela le había parecido tan grande ni tan hermosa. Cogió a la niña bajo el brazo, y las dos se elevaron en medio de la luz hasta un sitio tan elevado, que allí no hacía frío, ni se sentía hambre, ni tristeza: hasta el trono de Dios.

Cuando llegó el nuevo día seguía sentada la niña entre las dos casas, con las mejillas rojas y la sonrisa en los labios. ¡Muerta, muerta de frío en la Nochebuena! El sol iluminó a aquel tierno ser sentado allí con las cajas de cerillas, de las cuales una había ardido por completo.
-¡Ha querido calentarse la pobrecita!- dijo alguien.
Pero nadie pudo saber las hermosas cosas que había visto, ni en medio de qué resplandor había entrado con su anciana abuela en el reino de los cielos.

 

    

 

 

l       La Navidad no es un cuento  Autor: Ariel David Busso

l       Alguien me acercó un cuento de Navidad que leyó en alguna parte. Lo contaré a continuación porque realiza un hermoso viaje al corazón de Jesús Niño.

Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
- Acércate- le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
- No me atrevo… no tengo nada para darte.
- Me gustaría que me des un regalo – dijo el recién nacido.
El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
- De verdad no tengo nada… nada es mío, si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.
Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.
- Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
- No - contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.
- Con gusto – dijo el muchacho- pero… ¿qué?
- Ofréceme el último de tus dibujos.
El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
- No puedo… mi dibujo es horrible… ¡nadie quiere mirarlo… !
- Justamente, por eso lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
- Pero… ¡lo rompí esta mañana! – tartamudeó el chico.
- Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora –insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron como habías roto el plato.
El rostro del muchacho se ensombreció, bajó la cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
- Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡estaba enojado y lo tiré con rabia!
- Eso es lo que quería oírte decir –dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías, tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.
de Ariel David Busso, del libro Caminos de cielo limpio Ed. Lumen
 CUENTO DE NAVIDAD LA RANA LUCY Y EL GRILLO GUILLERMO.
 Caía la noche y un gran manto de nieve, cubría el parque. Un parque
tranquilo, donde el ruido dormía y sólo los murmullos de los animalitos
se escuchaban en la oscuridad.
Tras la ventana de una casita hecha de hojas vivía la rana Lucy, era una
ranita muy alegre, con grandes ojos y patitas cortas. Miraba embobada
como los copos bajaban lentamente como si estuvieran bailando una danza.
En el parque también vivían otros animalitos, pero eran muy orgullosos y
presumidos, sólo el grillo Guillermo quería de verdad a la ranita.
Era un grillo negro, muy negro, pero muy educado y elegante, tenía un
bonito sombrero que sólo se ponía en las grandes ocasiones.
Llego el día que todos esperaban, la fiesta de Navidad, la rana y el grillo,
tenían muchos deseos de ver todos los adornos de la gran ciudad y
pensaban acercarse a ver un gran Belén viviente que iban a colocar en
la Plaza Central. Les gustaba mucho cantar villancicos. A veces se ponían
un poquito tristes de estar tan solitos, pero enseguida recordaban dónde
jugaban los niños, y disfrutaban de verlos correr y reir.¡Todas las penas
se marchaban|.
Lucy y Guillermo se prepararon para ir a la ciudad. Lucy se puso su
chaleco y su bufanda a cuadros y Guillermo su sombrero de copa.
Atravesaron el parque. Algunos animalitos se burlaron de ellos, diciendo:
¡Mirad que pintas llevan| ,¡ Se creen muy finos|.
Pero nuestros amigos no le dieron importancia y siguieron su camino.
Al poco tiempo oyeron un gemido, se preguntaron: ¿Qué es eso?.
Cada vez lo oían más cerca. De pronto, descubrieron un pobre saltamontes
que estaba aterido de frío.
¡Pobrecito, qué te pasa?. Dijo Lucy.
Estaba saltando y se me echó la noche encima, me quedé tan helado que
no podiá moverme. Los animalitos me vieron pero ninguno me ayudó.
¡Ves Guillermo|. Dijo Lucy.
Todos son muy orgullosos, pero no tienen corazón.
La ranita y el grillo, le prestarón sus ropas y le abrigaron, mimándolo para  que entrara en calor.
El saltamontes agradecido, les dijo:
Conozco un lugar donde podeis pasar las mejores navidades de vuestra
vida, además hay un Belén tan bonito que no se os olvidará nunca.
Allí, fueron los tres. Era cierto lo que les contó el saltamontes.
En una cunita de paja, había un niño tan bonito, y tenía una mirada tan
dulce que a la ranita se le escapó una lágrima.
Un buey y una mula le guardaban y San José y la Virgen María le velaban.
Se acercó a él, despacito, dando dos saltitos y le susurró al oído:
Yo sé, que eres Jesusito, que amas mucho a los niños, yo también. Tal vez
juntos podamos luchar para que siempre sean felices y no lloren.
¡No quiero que se odien| ¡creemos entre todos un mundo mejor|.
Sé que eres sólo un muñeco, y que los que me miran pensaran que soy
una rana loquita, pero yo sé que me escuchas.
La ranita se dio la vuelta y de repente el grillo chilló:
¡Ranita, ranita , el niño te ha sonreído|.
Era verdad, una gran sonrisa iluminaba la cara del niño Jesús.
Tal vez el niño no sonrió, pero lo importante es que en nuestro corazón
tengamos tanto deseo de amor como la ranita que nos haga creer hasta en lo que no es real.
Los amigos volvieron a casa, y esa fue la Navidad más feliz de su vida.
 SI SOMOS RESPONSABLES, TODO FUNCIONA MEJOR
 
                           Un día, en el precioso bosque de chopos,  unos animalitos querían celebrar una preciosa fiesta.
Tuvieron ideas estupendas:
El grillo, la mariposa y la araña se encargarían de la decoración.
El saltamontes y abeja traerían las bebidas. Los demás se encargarían de la tarta.
Se repartieron los ingredientes y quedaron en casa de Doña libélula.
Ella tendría  el fuego y los utensilios necesarios preparados. Don escarabajo dijo que él llevaría el chocolate. Las hormiguitas, los huevos. Gusanín llevaría leche. Doña avispa, la harina. Y por último la mariquita se encargaría del
aceite, la sal y el azúcar.
 Casi todos los animales, aunque estaban entusiasmados con la fiesta, no se ocuparon de preparar lo que tenían que llevar. Llegó el gran día y los encargados de la decoración se fueron excusando:
El grillo tenía que ir al dentista. Podrían hacerlo los demás, sin él, pensó. La mariposa se distrajo en una preciosa flor, y no fue. La araña comenzó a tejer una tela sedosa y  brillante…pero…recordó que tenía que terminar su vestido para la fiesta y se fue. Pensó que ya llegarían el grillo y la mariposa y terminarían ellos la decoración del local, pero eso no sucedió.
Don escarabajo no pudo conseguir el chocolate y pensó…bueno también quedará bien la tarta sin chocolate.
A Gusanín se le olvidó la leche y a Dña avispa, la harina.
Menos mal que las hormiguitas y la mariquita fueron responsables y llevaron lo que les tocaba.
Doña Libélula, que siempre intentaba resolver los problemas de la mejor forma…pensó en una solución…
Haría una tortilla. La fiesta no fue como habían pensado…pero al menos se pudieron reunir y aprendieron que si hubieran sido responsables y comprometidos…todo hubiera resultado mejor…
 
EL NACIMIENTO DE JESÚS
Era un 24 de diciembre Maria y José iban camino a Belén, José iba a pie y Maria sentada en un burro.
Maria estaba embarazada y esa noche tendrá a su hijo, el que se llamara Jesús.
Tiempo atrás el arcángel Gabriel visitó a Maria y le dijo que en su vientre llevaba al hijo de Dios, al que debía llamar Jesús.
Maria y José buscaron donde dormir esa noche, pero nadie podía alojarlos, estaba todo ocupado.
Un señor de buena voluntad les presto un establo para que pasaran la noche, mientras José juntaba paja para hacerle una cama a Maria.
En el cielo nació una estrella que iluminaba mas que las demás.

En el oriente, lejos de Belén estaban tres sabios astrólogos, se llamaban: Baltazar, Melchor y Gaspar.

Ellos sabían que el nacimiento de esta estrella significaba que un nuevo rey iba a nacer.

Los tres sabios a los que conocemos como Los Tres Reyes Magos fueron guiados por la estrella hasta el pesebre del nuevo rey, Jesús.

El nuevo rey ha nacido dijeron los Reyes Magos, y le regalaron a Jesús oro, mirra e incienso.